Hoy no me levanto. Ayer me acosté demasiado tarde. Ya iré la semana que viene. Tengo un montón de cosas por hacer. Me duelen las piernas del entreno de ayer por la tarde. Tengo hambre. Tengo una reunión a primera hora y quiero prepararla con tiempo.

Estas son algunas de las excusas que he identificado a lo largo de todo el tiempo que he estado practicando yoga por las mañanas. Hoy no ha sido una excepción. Hoy tocaba volver a la práctica después del “parón” del mes de Agosto.

06.30h. Suena el despertador. Esta noche ha hecho un calor terrible y me he levantado un par de veces a refrescarme. No he descansado bien. ¡Ya iré la semana que viene! Sí. Esto es lo que ha pasado hoy cuando tocaba volver a la clase de vinyasa yoga que imparte Isma en Espai Ioga.

En verano solemos perder las buenas rutinas y las costumbres saludables. Es fácil acostumbrarse a la “mala vida”, pero volver a coger el ritmo cuesta mucho más. Es curioso, pero real.

Una vez alguien me dijo que la asana (postura) más difícil del yoga es poner el mat (esterilla) en el suelo. Y razón no le faltaba. Siempre tenemos una excusa u otra para seguir en nuestra rutina. En la era digital que vivimos actualmente es muy difícil encontrar el momento para detenerse, relajarse y respirar. Todos vamos con prisas. Nuestras agendas siempre están llenas de citas y en la cabeza se repiten pensamientos que no nos llevan a ningún lado. Hoy las excusas volvían a estar ahí. Pero hoy no han conseguido su objetivo.

07:30h. Después de cuatro semanas sin hacer prácticamente nada de yoga, ni estiramiento alguno, volver ha sido duro. Más bien, durísimo. No solamente a nivel físico, sino mental. Durante los primeros minutos de clase en mi mente tenía lugar una auténtica batalla. -¿Qué hago aquí pudiendo estar en la cama?- Ha sido difícil conectar con mi respiración, pero lo he conseguido. Y ha valido la pena. El próximo martes a las 06:30 veremos lo que pasa, pero ahora es momento de decir que por ahora, al menos, la batalla la he ganado yo, y no mi mente.

Gràcies Isma! 😉