“Todos llevamos dentro un ansia secreta. Un ansia que, a medida que pasan el tiempo y la vida, se convierte en un pesar secreto. Esta ansia es diferente para cada uno de nosotros, pues es la expresión personal anhelada en lo más profundo de nuestro ser. Nuestras vidas serán satisfactorias y valiosas en la medida en que podamos, cada uno de nosotros, llevar a cabo lo que se esconde en nuestro corazón” – George Kinder

Parece ser que hoy en día trabajar en lo que te apasiona se ha convertido en algo casi imposible. De hecho, puedes hacer la prueba preguntando a tu alrededor si tus compañeros/as de oficina están dedicando sus vidas a aquello que más les gusta.

Pasamos una media de 8 horas al día (como mínimo) durante 5 días a la semana. No voy a añadir la cantidad de tiempo que perdemos en los desplazamientos en transporte público o privado. No hace falta ser un matemático para saber que pasamos gran parte de nuestra vida en el trabajo. Y si pasamos tantas horas, ¿por qué no lo hacemos super motivados?

Siempre he pensado que si la gente hiciera lo que le gusta de verdad todo iría mucho mejor, pues cuando tienes que pasar horas trabajando en algo que te aburre o deprime, acabas interiorizando en mayor o menor medida esa falta de motivación, y lo pagas con tu entorno.

Para elegir bien hay que equivocarse las veces que haga falta

Hace unos días hablé por teléfono con un amigo mío, Albert. Notaba la preocupación en su voz, pero no me comentó nada hasta que le pregunté por su hijo Miquel. La última vez que hablé con él de su hijo, me comentó que estaban todos emocionados en casa, ya que hacía unos pocos meses que Miquel había empezado la carrera de derecho en una prestigiosa universidad de Barcelona.

—¿Qué tal está Miquel?, seguro que contentísimo con la vida universitaria… —comenté.

—Pues… bueno… la verdad es que ya no va a la universidad. Después de unos meses de clase se dió cuenta que la carrera de Derecho no era lo que esperaba. Estamos algo decepcionados, pero tampoco podemos obligarlo a seguir haciendo algo que no le gusta. —respondió Albert.

Miquel es un chaval lleno de energía, alegre en todo momento, optimista, deportista e inquieto.Y porque no decirlo también, muy sensible. Hace años que es monitor de esplai y lo compagina con otra de sus pasiones, entrenar a un equipo de baloncesto infantil. Con toda esta información, y conociendo un poco el mundo de la justicia, le he dicho a Albert:

— ¡Normal! Me alegro que haya tomado esta decisión. Es muy valiente y deberías felicitarle por lo que ha hecho… La justicia, por desgracia, está llena de burocracia y es lenta. Ni tan siquiera los que se dedican a ello entienden la jerga que hablan. Todo está muy estructurado y es poco flexible o dinámico. Yo me volvería loco si tuviera que trabajar en un bufete de abogados, o peor aún, en un juzgado. ¿Crees que Miquel encajaría en un puesto laboral así? —añadí para acabar.

¿Es mejor equivocarse a los 18 o esperar a los 45? Para mi no es una equivocación ni una pérdida de tiempo hacerlo más pronto o más tarde, pues de todo se puede aprender algo positivo. Lo importante es dar pequeños pasos hacia lo que más te gusta, por lejos que esté, estarás más cerca si ya has empezado a tomar acción. Por lo menos en este caso Miquel ya sabe que no le gusta el mundo del Derecho. ¡Ahora a seguir investigando!

To find what you seek in the road of life, the best proverb of all is that which says: “Leave no stone unturned.” – Edward Bulwer Lytton