Trekking por el Parc Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici en 4 días y sentido horario durmiendo en los refugios de Ventosa, Saboredo, Josep Maria Blanc y Estany Llong.

Me encanta la montaña. Bueno, hasta aquí nada nuevo si me conoces un poco y me sigues a menudo en las redes. Lo que no sabía es que a tan sólo tres horas y media de Barcelona existe un sitio con tanta belleza para los amantes de la alta montaña, el Parc Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, un espacio natural protegido que cuenta con varios picos de más de 3.000 m y muchos otros que superan los 2.800 m. Y una buena manera para recorrer este espacio es mediante la ruta de trekking conocida como Carros de Focque nos permite descubrir uno de esos rincones en los que merece la pena pasar varios días. En el parque hay una enorme cantidad de lagos y ríos, que combinados con los valles cubiertos por verdes prados y bosques frondosos, nos ayudan a sumergirnos de pleno en la naturaleza más salvaje de esta parte del Pirineo.

¿Qué es Carros de Foc?

La ruta une los 9 refugios que hay en el parque nacional, sin contar el refugio del Pla de la Font que forma parte de lo que se conoce como Carros de Foc Plus. Para cubrir la ruta se necesitan entre 5 y 7 días para hacerlo de una manera más agradable y relajada, pues hay que recorrer 55 kms y un total de 9.200 m de desnivel acumulado total.

La ruta está bien marcada por los diferentes hitos que iremos encontrando en el camino, estacas de color amarillo y otras marcas de GR (blancas y rojas) ya que en algunas zonas el itinerario coincide con el conocido GR11, también llamado Senda Pirenaica. Pero para hacerlo con mayor seguridad es imprescindible contar con la ayuda del mapa que obtendremos cuando nos den el forfet que iremos sellando en los diferentes refugios, y que confirmará que hemos realizado con éxito la ruta en su totalidad.

Etapa 0: Presa de Cavallers – Refugi de Ventosa

Para empezar la ruta optamos por empezar desde el refugio de Ventosa. Para llegar al refugio lo más rápido es hacerlo dejando el coche en el embalse de Cavallers, en el valle de Boí. Después de aparcar justo en la base del embalse, situada a 1.713m, cargo con la mochila en la espalda y empiezo a caminar en solitario hacia el refugio Joan Ventosa i Calvell. Mi compañera para esta aventura, Maigua Ojeda, está de camino, y por lo visto llegará tarde porque se encuentra en un atasco en Zaragoza, y viendo las horas que son creo que va a llegar muy tarde. ¡Empiezan los contratiempos! Y eso que ya vamos justos de tiempo si queremos acabar la ruta en poco más de tres etapas.

La ruta está bien marcada. Siguiendo los hitos o marcas amarillas me alejo del aparcamiento. Dejo el embalse a mano izquierda. Los primeros metros apenas presentan desnivel positivo. El terreno es muy rocoso y me obliga a estar atento a las pisadas. En estos primeros metros siento que mi cabeza todavía no es consciente de lo que tengo por delante y me llevo algún pequeño “susto” con algún mal apoyo por no prestar atención. El ritmo es constante y rápido. En pocos minutos llego al Pletiu de Riumaló donde me encuentro con Sonia, una amiga de Granollers, junto a su hija Joana y su compañero Uri, quienes están de ruta en furgoneta por esta zona. Ha sido una bonita casualidad encontrarse con ellos, y mientras me pregunto cuál es el sentido de estas extrañas coincidencias sigo avanzando rodeado por ríos y cascadas de agua. Este invierno ha habido muchísima nieve en el Pirineo, y con el deshielo y las lluvias de hace algunos días la montaña suelta agua por todos lados, lo que le da un punto más de belleza al entorno.

Poco a poco voy ganando desnivel y al fondo del valle, a mi espalda, puedo ver a lo lejos el embalse desde donde he partido. Los prados por los que caminaba quedan también atrás y empieza una subida donde el camino se ha convertido en un pequeño río improvisado donde se canaliza el agua abundante que emana por todos lados.

Después de cruzar el pas de l’Osso puedo divisar por primera vez el refugio, que aguarda en lo alto de una zona rocosa, justo por encima del Estany Negre. Para llegar hay que cruzar el río que viene del Estany Xic, y aunque está bien señalizado, el caudal abundante me obliga a mojarme los pies. Aprovecho para refrescarme la cara y brazos, y es que el calor es importante a estas horas de la tarde. Suerte de la crema solar de factor 50+, la gorra y las gafas de sol, accesorios imprescindibles en montaña.

Llego al refugi de Ventosa (2.215m) donde me recibe amablemente el guarda Miquel, junto al resto del equipo del refugio que velan para que no falte de nada a los huéspedes que se alojan en él. Hace mucho tiempo que no me alojo en un refugio de montaña, pero rápidamente me explican amablemente cuáles son las normas. Para entrar al refugio hay que descalzarse y utilizar un par de “crocs” que hay en la entrada. Dejas la mochila y utilizas una pequeña caja de plástico para los objetos de valor o los objetos que necesitemos para la vida en el refu. La cena es a las 19.00h y a las 22.00h se apagan las luces. Todos los refugios disponen de mantas o edredones por lo que no es necesario cargar con el saco de dormir a lo largo de toda la ruta.

A las 22:00h recibo un mensaje de voz de Maigua advirtiéndome de su tardía llegada. – ¡Empezamos bien! – No es muy buena idea caminar por esta zona si no la conoces bien, así que decido esperarla despierto. Por suerte conozco a Xavi Llongueras, un guía de montaña con quien compartimos anécdotas durante un buen rato, quien además me explica con detalle los puntos más críticos de la ruta como consecuencia de la abundante nieve que se acumula en algún punto. Cuando Xavi se va a la cama me acompaña Ona, una de las personas que trabaja en el refugio durante los meses de verano. Mientras esperamos fuera del refugio, Ona comparte conmigo sus conocimientos sobre constelaciones y estrellas. Y me doy cuenta que no viene mal este tipo de conocimiento porque nunca sabes cuándo puedes necesitar orientarte de noche si no disponemos de brújula o GPS.

Cuando pasan algunos minutos de las doce de la noche nos parece ver un pequeño destello de luz a lo lejos que proviene del valle, parece que por fin llega Maigua. No invertimos demasiado tiempo en conversar y conocernos. Ambos estamos cansados y tenemos sueño. Tenemos unas jornadas por delante para hacerlo. Es muy tarde y mañana nos espera una larga ruta.

Track de la etapa 0: http://www.movescount.com/es/moves/move226999452

Etapa 1: Refugi de Ventosa – Refugi de Saboredo

El desayuno en los refugios se sirve pronto, así que toca madrugar a pesar que hemos dormido pocas horas. Después de despedirnos del personal de Ventosa empezamos la ruta. Miguel, el guarda, nos recomienda no seguir el recorrido oficial para llegar al primero de los refugios, Restanca. Al parecer sigue habiendo mucha nieve en el Coll de Tumeneia, así que decidimos caminar en dirección norte hacia el Estany de Travessani, para pasar entre los estanys de Monges y Mangades. Pero vamos demasiado rápido y nos hemos distraído con un grupo de Cartagena que caminaba por delante nuestro. Equivocamos el itinerario y llegamos al Port de Caldes o de Colomèrs (2.572m). – ¡Madre mía! – es lo que nos decimos uno al otro mientras vemos el error que hemos cometido en el mapa. Ya íbamos justos de tiempo y ahora hemos hecho kilómetros de más. Sin perder mucho tiempo marcamos un ritmo rápido y constante hacia el Coret de Oelhacrestada o Port de Rius (2.475m). En este punto hay un fuerte desnivel con una gran acumulación de nieve algo derritida por el sol. Nos ponemos los crampones y ascendemos sin demasiados problemas gracias a la buena tracción y seguridad que ofrecen estos artilugios que llevamos en los pies. Mientras subo pienso que no haber llevado crampones hubiera sido un gran error. Una vez arriba empieza una bonita bajada. Primero con una zona de rocas de grandes dimensiones que debemos superar para llegar al Estanh de Cap de Pòrt, que por el nombre ya os podéis imaginar que pertenece al Valle de Arán. Rodeamos el lago por la derecha y empezamos otro fuerte descenso hacia Restanca, con unas impresionantes vistas del lago era Restanca.

Al llegar, conseguimos el segundo de los sellos del pasaporte o forfait que hay que rellenar para acreditar que se ha cubierto toda la ruta. Miramos el mapa y vemos que tenemos un larguísimo recorrido por cubrir todavía para llegar a Saboredo, donde tenemos la reserva para la próxima noche. Saliendo de Restanca hay que remontar todo el desnivel hecho desde el Port de Rius. La subida está marcada en algo más de 2 horas y pico, pero lo hacemos en 1 hora con un ritmo frenético. Me hubiera gustado por hacer la ruta en más días para poder saborear mejor todo lo que tenemos a nuestro alrededor. Pero el reto que nos proponía +8000 era hacerlo es 3/4 días, y ya no hay vuelta atrás. Bueno de hecho creo que fue Maigua quien se propuso hacerlo en esta franja de tiempo, y yo me dejé convencer por esta manchega acostumbrada a los grandes retos.

Deshacemos todo el recorrido que hemos hecho previamente desde el Port de Caldes. Y una vez allí empezamos por fin una bajada que nos llevará hasta el Refugi de Colomèrs. Ya llevamos unas cuentas horas de caminata. El sol calienta muchísimo y empezamos a notar el peso de las mochilas a nuestras espaldas a pesar que hemos intentado cargar con lo indespensable.

En Colomèrs ya estaban advertidos de nuestra llegada y conseguimos el tercer de los sellos del forfait. Aunque parezca una tontería, el hecho de ir consiguiendo estos sellos nos da algo más de motivación y al ver como se va llenando ese trozo de papel inicialmente en blanco, nos da una pequeña dosis de alegría. Aunque nada de relajarse. Nos va a tocar hacer una buena subida hasta el Coth de Sendrosa (2.451m) antes de bajar hacia Saboredo. Es bastante tarde y el sol empieza a caer. En el refugio de Colomèrs avisan por radio a Saboredo para advertirles de nuestra tardía llegada. Enfilamos el cuarto tramo de ascenso de la jornada con muchas ganas de llegar a destino. Se recomienda llegar a los refugios a primera hora de la tarde para poder disfrutar de la tranquilidad y de las instalaciones comfortables, mientras nos relajamos después de la jornada de trekking, pero parece que Maigua y yo vamos a llegar siempre los últimos. Aunque descubrimos también que caminar por estas montañas mientras cae el sol a nuestras espaldas es algo que nos está gustando especialmente. Al llegar a Còth de Sendrosa nos encontramos con una buena acumulación de nieve debido a la orientación de este collado y nos obliga a buscar un paso seguro para empezar el descenso hacia Saboredo. Bajo la atenta mirada del Tuc de Sendrosa (2.751 m) a nuestras espaldas vamos perdiendo altura hasta que por fin divisamos a lo lejos lo que parece ser el refugi de Saboredo, rodeado por los estanhs de Baish y Miei.

Para llegar hay que sortear alguna zona con rocas de grandes dimensiones. Un último obstáculo para poner a prueba nuestros cuerpos algo cansados por la larga jornada. En Saboredo nos reciben con los brazos abiertos, y es que al parecer empezaban a preocuparse por nosotros. Todos los que se alojan allí esa noche ya han cenado, pero Aritz nos ha guardado comida para nosotros. Conversamos un buen rato con él mientras nos relajamos. Nos comenta las particularidades del refugio y nos muestra algunas imágenes impactantes de la acumulación de nieve que ha habido este invierno en la zona como consecuencia del invierno que hemos tenido esta pasada temporada. Al ver las imágenes empiezo a mirar mi agenda para reservar unos días para subir aquí a hacer esquí de montaña, y disfrutar de algunos descensos por estas canales que todavía puedo ver a un lado y otro del refugio.

Track de la etapa 1: http://www.movescount.com/es/moves/move226999462

Etapa 2: Refugi de Saboredo – Refugi de Josep Maria Blanc

La noche en Saboredo nos ha servido para recuperarnos físicamente. La ducha caliente antes de ir a la cama me sentó especialmente bien. Mientras el resto de personas que se alojan en el refugio toman el desayuno, aprovecho la calma que se respira en el dormitorio para dedicar unos minutos a la meditación que llevo practicando hace ya algunos meses. Quiero integrar en mi ese silencio que me acompaña y rodea antes de empezar a caminar hacia el refugio d’Amitges. Después del desayuno nos equipamos para la jornada que tenemos por delante.

Las primeras luces del día son las más propicias para empezar a caminar.  El sol todavía no calienta demasiado y las montañas empiezan a dibujarse mientras el cuerpo va haciéndose a la idea de lo que tenemos por delante. Nos detenemos brevemente en el Estanh de Naut, donde aprovecho para refrescarme la cara. – ¡Qué bien sienta remojarse la cara con este agua tan fresca y pura! – Nos alejamos rápidamente del refugio mientras vemos a lo lejos lo que será el primer hito del día, el Port de Ratera, otro de los puntos más conocidos del itinerario donde nos han advertido que podemos encontrar algo de nieve tanto en el ascenso como en el descenso. Encuentro una ruta que me permite subir con seguridad sin tener que usar los crampones y que además no se aleja demasiado del itinerario. Y es que no es recomendable alejarse de la zona marcada, en primer lugar para no hacer daño a las flores y plantas que habitan a lado y lado del camino, pero también como medida de seguridad en caso de que tuviéramos algún percance.

Al llegar al punto más alto y con el Pic de Ratera enfrente con sus 2.862 m, nos tomamos un descanso para contemplar todo lo que hemos dejado atrás, viendo incluso la estación de esquí de Baqueira Beret al norte, y también todo lo que tenemos a nuestros pies por delante. A escasos metros hay un pequeño lago que cuenta todavía con nieve y hielo del invierno, lo que da al agua un color azul que sólo se puede ver en estas alturas o en zonas donde el hielo y el agua van de la mano como el Ártico o la Antártida. Ese azul nos hipnotiza. Nos dejamos seducir durante unos minutos por todo lo que tenemos a nuestro alrededor. El momento se lo merece. Queda mucho por recorrer. Pero nos centramos en el aquí y el ahora y nos damos cuenta de lo afortunados que  somos por poder disfrutar del momento.

Buscamos una ruta que nos permita descender el puerto con seguridad, ya que hay zonas de nieve. Los caminantes que nos han precedido han dejado una buena huella, así que podemos avanzar con seguridad sin hacer uso de crampones. El tobillo de Maigua parece que va bien, y mi rodilla izquierda hace rato que no se queja.

Quizás mi mente está tan relajada con todo lo que tenemos a un lado y otro del valle que no tiene tiempo para focalizarse en el dolor o cansancio acumulado. – ¡Y que siga así! – me repito una y otra vez.

Para llegar al refugi d’Amitges hay que cruzar una zona de lagos formada por Munyidera, Barbs y el Estany Gran d’Amitges. Todo lo que nos rodea hace que sea imposible no detenerse constantemente para poder observarlo con tranquilidad. Minutos más tarde llegamos con buen paso al refugi d’Amitges, donde nos espera Valentí, el guarda, uno de esos “tipos” que sin conocer te dan ganas de abrazar y con quien pasarías horas y horas compartiendo aventuras e historias. Conversamos un buen rato con él y con el equipo del refugio, quienes se aseguran que no nos falte de nada. – ¡Está prohibido marcharse del refugio sin probar la tortilla de patatas! – anotad bien eso.

Nos encantaría seguir en el comedor, pero vamos tarde. La pista por la que se accede en taxi hasta el refugio desde Espot es la que utilizamos para llegar a muy buen ritmo al refugio Ernest Mallafré, situado al lado del conocido Estany de Sant Maurici, que da nombre al parque nacional. Allí coincidimos con Urko, que guarda el refugio y con quien al parecer coincidimos hace unos meses en el Khumbu en Nepal, mientras ambos caminábamos en dirección al campo base del Everest. Nepal sigue dándome regalos allá donde voy. Personas bonitas que comparten un amor especial por las montañas más altas del mundo y sus gentes conocidas por su sonrisa y hospitalidad. Oficialmente para cubrir la distancia que separa los refugios de Mallafré y Josep Maria Blanc se necesitan entre 3 y 5 horas, lo que nos obliga una vez más a mantener un ritmo fuerte si queremos llegar al refugio a la hora de cenar.

Mientras empezamos a caminar hacia la zona conocida como Monestero, vemos como se acercan por varios lados unas negras nubes que no tienen muy buena pinta. No quiero decir nada a Maigua, pero no me gustaría tener que llegar al punto más alto del collado con una tormenta encima. Las tonalidades verdes del Prado de Monestero y las cristalinas aguas del lago del mismo nombre nos permiten olvidarnos de esas nubes que parece que sí o sí se nos vienen encima. Aprovechamos el momento para tomar unos geles acompañados con alguna bebida isotónica que Maigua comparte conmigo antes de ascender hasta el collado de Monestero o de Peguera situado a 2.716 m.

Cuando nos faltan todavía unos 45 minutos para llegar a lo más alto oímos como empieza a tronar. Ponemos en común algunas coas básicas que hay que hacer en caso de tormenta eléctrica, aunque cruzamos los dedos para que eso no pase. En este punto no hemos visto muchos sitios en los que refugiarse con seguridad. Una vez más la montaña nos enseña que no hay que confiarse y que aquí siempre ella tiene la última palabra y que no hay lugar para heroínas o héroes. Aquí estamos indefensos.

Al dejar atrás el collado podemos ver el último tramo de la etapa de hoy que está totalmente cubierta por lagos. A pesar que vamos tarde, decidimos detenernos en un punto. Mientras nos relajamos vemos en lo más alto de una zona de rocas una familia de rebecos que camina tranquilamente ignorando completamente nuestra presencia. Por unos momentos imagino como debe ser la vida de uno de estos animales en un lugar como este.

Por fin divisamos a lo lejos el refugi Josep Maria Blanc. Lo hacemos desde un punto elevado con una perspectiva realmente bella del refugio a orillas del Estany Tort de Peguera. Tenemos ganas de llegar, así que no nos detenemos demasiado tiempo aquí. Pero me he propuesto regresar aquí mañana por la mañana, cuando las primera luces del día dibujen la silueta del refugio con el sol de fondo. La ubicación es perfecta para inmortalizar la belleza del entorno. Espero ser capaz de transmitir todo esto en una sola imagen.

Al llegar al refugio nos esperan con los brazo abiertos y unas palabras amables para alojarnos en un espacio que parece lleno de paz. – ¿Cómo no va a haber paz en un lugar así? – pienso.

La cena es deliciosa. Al reservar no olvidé decirles que últimamente estoy reduciendo el consumo de carne, por lo que pude disfrutar de una cena pensada para vegetarianos. Y es que los refugios de Carros de Foc ofrecen opciones para veganos, vegetaranios o celíacos. Eso sí, hay que decirlo con tiempo al hacer la reserva para que puedan prepararlo adecuadamente ya que no es fácil hacer llegar comida a estos lugares tan remotos.

Track etapa 2: http://www.movescount.com/es/moves/move226999475